Cómo ser padres de hijos adultos y hacerlo bien

Muchos se preguntan ¿Dónde se aprende a ser padres de hijos adultos? No hay cursos, no hay charlas. La idea más generalizada es que ahí ya todo está resuelto, los hijos se hacen grandes, se independizan, se van y usted regresa a lo que hacía antes. Pero cómo ser padres de hijos adultos, aquí algunos datos:

Resulta que está habiendo un porcentaje importante de hijos de cerca de treinta – y de más años también – que siguen viviendo con los padres. Las opiniones están cruzadas. Algunos psicólogos y sociólogos se alarman, lo ven como algo problemático. Pero recuerdo un breve artículo leído en un diario en que el periodista señalaba el alto porcentaje de jóvenes que vivían solos en países europeos, señalando el fenómeno del “individualismo” a ultranza que impedía a esas personas soportar las frustraciones de vivir en familia y poder tolerar diferencias.

En la sociedad sueca ocurre que los jóvenes una vez independizados prácticamente no vuelven a visitar a sus padres más que para mostrarles a sus nietos quienes ven raramente a sus abuelos.

Ya desde muy jóvenes, los norteamericanos que desean seguir estudios profesionales tienen que pasar a vivir en los “campus” universitarios, lejos de sus familias. Pero años antes ya la familia está bastante desmembrada, con pocos encuentros familiares, cada uno haciendo su vida. Un modelo bastante alejado de lo que los latinoamericanos consideramos bueno.

Recuerdo el asombro de visitantes norteamericanos viendo los almuerzos y las cenas familiares de los uruguayos, en que los integrantes conversan de sus vidas. Hace años vi un poster-recordatorio hecho en EEUU que preguntaba “¿Abrazó usted a su hijo hoy?”.

Una uruguaya que vivió varios años en España contaba la sorpresa de los españoles cuando se enteraban que ella, casada y con dos hijos, convivía con su madre viuda y que eso era una costumbre habitual en nuestro país. En España, llegado determinado momento, era común que los hijos pusieran a sus padres en casas de salud aunque no tuvieran enfermedades invalidantes. Era visto como un hábito cultural que no se cuestionaba. Los padres al llegar a viejos “molestaban” de acuerdo al modelo de sociedad de consumo que dice que quien no es productivo pasa a ser una carga molesta.

Se afirma acerca del fenómeno de los hijos que se quedan con los padres: Cada vez más nos parecemos a una sociedad horizontal de jóvenes hermanos y hermanas, porque los principios verticales (autoridad, jerarquía, obligación y tradición) han sido todos dejados de lado. Otra opinión tajante es: “Una sociedad de hermanos está marcada por un fácil igualitarismo (nadie es superior a nadie), conciencia ecológica, poco interés en el pasado o en el futuro, con énfasis en el placer y un rechazo al tradicional impulso de control.

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